Alberto Castillo recuerda momentos que pasó junto a Mariano en 2002

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8F903785-8646-4A08-A645-C9EA8FB4E934.jpg__294__440__CROPz0x294y440 La relación de amistad entre Alberto Castillo y Mariano Rivera se remonta al año 1991, cuando ambos se enfrentaban en Clase A.

El primero jugaba con Columbia sucursal de los Mets de Nueva York y el segundo con los Greensboro Hornets (Yankees) en la Liga del Sur del Atlántico.

Pasando los años, nadie se imaginaría que 11 más tarde se iban a reencontrar esta vez como miembros del mismo equipo: los Yankees de Nueva York y formando batería de lanzador-receptor. El destino los unió.

Castillo es el único receptor dominicano que le ha atrapado tres de los 652 rescates al más grande cerrador de las Grandes Ligas a lo largo de su carrera de 19 años, y que este domingo pone final a una carrera que tiene asegurada una placa en el nicho de los inmortales de Cooperstown.
“Para mí es un gran honor tener la oportunidad de compartir equipo con una leyenda, y que él puede decir que ‘los cátchers que me recibieron a mí, pueden ser tanto y que tan solo un dominicano y sea el nombre de Alberto Castillo es el que aparece, es un gran honor para mí y mi familia”, dice el nativo de San Juan de la Maguana tras conversar vía telefónica con LISTIN DIARIO.
Castillo fue firmado por los Yankees como agente libre el 17 de febrero del 2002.
En ese año, como suplente debido a que en esa posición estaba sembrado como titular Jorge Posada, fue testigo en primera fila en tres de los 28 salvados del nativo de Puerto Caimito, Panamá.
Según Elias Sports Bureau, el grupo de jugadores latinos que le han recibido a Mariano en sus salvamentos, lo encabeza Posada con 368, Francisco Cervelli con 74, José Molina con 31, Iván Rodríguez con 7 y el quisqueyano con tres.
El 6 de abril, inició en la alineación titular del club más ganador en la Gran Carpa y le tocó ser parte detrás del plato de los últimos tres outs del itsmeño, siendo ese su salvado número 218 en la victoria de su club 3-0 ante los Rays de Tampa.
El 24 de abril ante los Atléticos de Oakland, Castillo entró como corredor emergente de Posada en la alta de la novena entrada y luego lo reemplazó en la defensa para recibir los 15 pitcheos que Rivera envió a la goma en el triunfo 8-5 ante ese conjunto, logrando el salvamento 222 de su historia.
En el mes siguiente, el 11 de mayo como visitante frente a los Mellizos de Minnesota en el Hubert H. Humphrey Metrodome, abrió en la posición número dos para atrapar el rescate 227 del panameño, quien lanzó 18 pitcheos que concluyeron en la “mascota” del criollo. Los Yankees ganaron 4-2.
El actual coach de tercera de las Águilas Cibaeñas en el béisbol dominicano rememora esos momentos y reconoce las virtudes para que el líder de salvamentos alcanzara la elite de los serpentineros.
“Él es un tipo de lanzador que te dice, tú te me sientas donde sea incómodo para el lanzador y tu ve los bateadores que casi no le puede hacer swing a los lanzamientos pegados, porque él le dice a los receptores metete a dentro que le voy a tirar ahí, para que él no pueda sacar los brazos, y así lo ha hecho siempre”, resalta.
Igualmente, no olvida los intercambios entre ambos jugadores cuando Rivera le expresaba el plan de trabajo y las orientaciones de cómo debe colocarse en el home.
“Durante las prácticas que hacíamos, siempre estaba al lado de él para aprender de sus lanzamientos para cuando me tocara la oportunidad de recibirle, yo saber cómo me le iba a mover de la forma que le gustara y orgullosamente así era. Él me decía Alberto lo que hablamos ayer durante los tiros que hicimos, ya tu sabes, te metes debajo de los bateadores para que ellos no puedan sacar la mano y asimismo lo hacíamos”, agrega.
Con un solo lanzamiento “el cutter” o recta cortada que se mueve como una recta normal. Luego, al final, hay rompimiento. Para un bateador zurdo, la bola le llega casi a las manos. Para un derecho, se le aleja.
En ese sentido, el jugador que vio acción en su último partido en Las Mayores en el 2007, valora la calidad de Rivera que con un escaso repertorio se ha erigido como uno de los más grandes artistas del montículo.
“De la forma en que veo a Mariano no habrá un ser humano en Grandes Ligas tantos años tirando un solo pitcheo, tirar una bola cortada que sale de la mano de él en forma de recta, pero que cuando llega al punto de receptor apararla, la bola se tuerce al final del bate y la bola se cae a la manos del batedor zurdo y por eso es que ha sido tan efectivo.
“No creo que habrá un ser humano que pueda controlar una recta cortada como él, un gran competidor, con una magnifica personalidad y seguro Salón de la Fama”, termina diciendo el excapitán de las Águilas, quien jugó con el equipo de Bronx en un total de 15 partidos y fue dejado libre el 10 de octubre del 2002.

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